viernes, 17 de junio de 2016

Pensamiento 58 y penúltimo. Crónica de un fracaso, primera parte.
Vivimos una época de cambios profundos. Son evidentes en la sociedad y en la política, y no pueden no producirse en la empresa. La sociedad se ha embarcado en un ritmo de bienestar tal y tan “irrenunciable” que, para mantenerlo, necesita una cantidad de riqueza muy superior a la que nuestras máquinas de crearla, las empresas, hoy, son capaces de producir. La alternativa es seguir revolcándonos en el fango de los recortes y en las miserias del denominador.
Para ser más creadoras de riqueza, es imperativo que las empresas cambien no sólo sus comportamientos, sino también -y sobre todo- sus cimientos conceptuales: los actuales corresponden a tiempos y contextos que no tienen nada que ver con los actuales, son intelectualmente inconsistentes, y se basan en la repetición acrítica de argumentos tan sólidos como: “porque lo dice todo el mundo”.
Tras cuatro décadas trabajando en la transformación de muchas organizaciones y después de haber escrito tres libros, a lo largo de los tres últimos años he dedicado bastante más de dos mil horas a reflexionar sobre lo aprendido acerca de los cambios necesarios para que las empresas lleguen a ser las creadoras de riqueza que necesita la sociedad y a sistematizarlo. Mi pretensión al hacerlo no ha sido quedarme en el ámbito de lo puramente conceptual, sino contribuir a la transformación de la realidad social. El “producto” visible ha sido triple: a) mi cuarto libro, La creación de riqueza en la empresa española, b) estos Pensamientos más allá del rebaño, y c) varias reflexiones y sugerencias de actuación  hechas a profesores y altos cargos de universidades, a políticos, a consejeros, a dirigentes de organizaciones profesionales, a sindicalistas, a consultores, a prohombres de la cultura y el periodismo… incluso a un obispo. Dada su responsabilidad, pensaba yo, todos ellos deberían ser sensibles a ellas.
-      En cuanto al libro, son muchos los lectores que han manifestado un entusiasmo desbordante: “del máximo nivel intelectual”, “valiente”, “rompedor”, “necesario”, “verdadero cambio de paradigma”. No pocos de ellos lo han aplicado con indiscutible éxito en sus entornos. Pero el libro no es ni será un “best seller”, el número de lectores es limitado.
-      En cuanto a los Pensamientos, no tengo muchos datos, pero intuyo que, para la inmensa mayoría de lectores, mis ideas y yo no pasamos de ser algo pintoresco que les llega sin haberlo pedido, que según ellos se sitúa en un mundo diferente del real en que habitan, y cuyo interés no va más allá de una muy relativa curiosidad intelectual. Hay, es cierto, excepciones que manifiestan un interés positivo, pero son excepciones.
-      En cuanto a los universitarios, consejeros, políticos, etc. a los que he presentado propuestas específicas de actuación, casi todos ellos -con la excepción del obispo y de los sindicalistas, que viven en sendos universos paralelos, y de los profesionales de la comunicación, que (¿paradoja o hábito?) ni siquiera hicieron acuse de recibo- las han considerado “muy innovadoras”, “de gran calado”, y “necesarias”. Pero nadie ha tenido interés por ir más lejos, pasar a la acción y ponerlas en práctica. Y lo que es peor, no he recibido ni un solo argumento razonado en contra, ni una protesta seria ante las verdades incómodas y las propuestas heterodoxas que planteo, ni una condena por las evidentes herejías que defiendo: en otros tiempos por lo menos se quemaba a los herejes. Sólo el silencio, la ignorancia y en algunos casos un discreto y educado desprecio.
Espero con toda mi alma que tu balance de estos tres últimos años haya sido más positivo que el mío.

En el próximo Pensamiento sigo y concluyo.

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